¿A quién creerle?


Alguna vez en la universidad nos contaron respecto a las fuentes de información, privilegiando siempre a las de primer orden (aquellas con las que se tiene contacto directo, según recuerdo) sobre las demás, posteriormente leí en la excelente Fundación de Isaac Asimov que una de las causas de la crisis del imperio galáctico era la forma en la que los “padres del imperio” investigaban y formaban sus opiniones -básicamente privilegiaban las fuentes de tercer nivel por considerar las de primero y segundo trabajo menor y casi indigno- y ahora con toda esta avalancha de datos “instantáneos” vuelvo a preguntarme ¿A quién creerle?.

No son pocas las situaciones que llevan a cuestionarse sobre los datos que se obtienen, solo por nombrar algunas y perfeccionando un poco el contexto, me permito citar algunas:

  • La torpe narración del presidente de Venezuela acerca del incidente que tuvo con el presidente de Colombia en una cumbre internacional
  • Las acusaciones entre el ministro de protección social y el decano de facultad de economía de la universidad de los andes acerca de las cifras manejadas por el sector salud en el debate radial acerca de la reforma a salud del que fue parte el presidente de Colombia.
  • Las descalificaciones hechas por personas mas papistas que el papa respecto a informes de derechos humanos
  • Las ganancias reportadas por el sector bancario vs la calidad en el servicio
  • Las explicaciones de los emporios de comunicación acerca de la viabilidad económica del periodismo de investigación
  • Los concursos organizados por agencias de publicidad
  • Cualquier llamada a las lineas de atención al cliente de las grandes compañías
  • El cúmulo de retoque digital hecho a las fotografías de las revistas

A las personas hay que creerles, sin embargo, unos pocos filtros básicos de escepticismo nunca sobran -recomiendo leer El mundo y sus demonios– y aquí cito algunos de los que aplico para establecer la credibilidad (cada uno de ellos le resta un pequeño porcentaje) de una persona:

  • Citar como hechos reales datos obtenidos de practicas pseudo cientificas (astrología, quiromancia, etc)
  • Citar como hechos reales datos obtenidos de creencias religiosas (milagros, libros sagrados de religiones, etc)
  • Abusar del uso de porcentajes para presentarlos como datos estadísticos sin la mínima rigurosidad necesaria (el 90% de x…)
  • Hablar en nombre de una mega compañía sin ser parte de ella
  • Hablar en nombre de una compañia siendo parte de ella
  • No usar referencias comprobables
  • Ser parte de una secta / creencia absurda
  • Basar su conocimiento del entorno social en medios como facebook, twitter

Esta bien, el último es algo despectivo respecto a muchas personas mas jóvenes o más conectadas que yo, sin embargo me parece que el uso actual de las redes sociales produce -en cantidades alarmantes- consumidores de datos inútiles y una plétora de autores de datos aún mas inútiles lo que conduce a “teorías” que incluyen thundercats opiniones sin ningún fundamento.

Queda para otro post un par de tablas (temas vs medios y temas + medios predilectos) que me permitan ordenar mis ideas respecto a la credibilidad de algunos medios de información específicos.

Acerca de Nickman

Aunque crítico e Ingeniero (especializado en software), piloto de aeroplano soy (seré).

Un pensamiento en “¿A quién creerle?

  1. Los indicios que mostras como ejemplo para decidir que una fuente es mala se dividen en dos. Primero, aquellos que no piensan o hablar racionalmente no son buenas fuentes, porque pueden llegar a cualquier conclusión desde cualquier premisa.
    Segundo, los malintencionados, ocultarán o sesgarán información de acuerdo a sus objetivos.

    De los primeros nada se puede obtener. De los segundos es posible obtener información válida en algunos casos puntuales, si conocemos claramente sus intereses.

    De todas maneras, no nos es fácil ser objetivos. Tenemos tendencia a negar lo que choca con nuestras creencias y a aceptar lo que ya creemos. Después explicamos todo racionalmente.
    Sólo podemos esperar que los prejuicios que ya tenemos sean suficientemente buenos.

    Es verdad que la virtualización de la realidad hace cada vez más difícil el juicio, pero tal vez la información editada por los medios masivos no sea cualitativamente mejor que lo que nos da la gente común a través de Twitter y los otros.

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